Algunas ideas en torno a nuestra cooperación y solidaridad con Palestina

Alberto Arce
El Col·lectiu

La cooperación con Palestina es política o no es. Como en todos los objetos de cooperación. Pero en pocos conflictos, la solución a las miserables condiciones de vida de quienes sufren tiene una solución tan clara, eminentemente política, a la vez que paralela y complementaria con los instrumentos de la cooperación tradicional. Partiendo de este análisis e incorporando no sólo las reflexiones propias de quien firma sino las conversaciones mantenidas a lo largo de las actividades de recuerdo del 60 aniversario de la NAKBA que se celebraron en Euskadi a lo largo del mes de mayo con Issam Aruri, en representación de PNGO (la Plataforma Palestina de ONG), Abu Hussein, Director de Ittijah (la Unión de Comunidades Árabes de Israel), el Dr. Rabah Mohannas de los HWC de Gaza (Health Work Committes) y Sergio Yahni, Director del Alternative Information Center de Jerusalén se escribe este texto como instrumento para abrir un debate sobre la estrategia que las organizaciones del Estado utilizamos en nuestro acercamiento al conflicto palestino.

Introducción

La situación en Palestina es tan clara y evidente como aparentemente imposible de solucionarse en el corto y medio plazo. Asumiendo que se comparte la defensa de las posiciones expresadas por el  único Movimiento de Liberación Nacional cuyo pliego de reclamaciones basado en el cumplimiento de la legalidad internacional ha sido redactado por las Naciones Unidas, tal y como lo expresa con ironía el activista israelí del AIC (Alternative Information Center) Sergio Yahni, se trata de tomar una decisión firme: presionar a Israel para que termine con la ocupación, detenga la ocupación del Muro de segregación, acepte la solución del problema de los refugiados, libere a los presos y presas, ponga fin a la política de discriminación y apartheid contra los palestinos de Israel y levante el bloqueo sobre Gaza.

El contexto político actual para la región “está marcado por el fracaso de los intentos de negociación: desde Oslo, pasando por Madrid hasta Anápolis, los Estados Unidos e Israel han creado falsas expectativas respecto a un hipotético final del conflicto y ahora prometen un Estado Palestino antes de finales de año. Es necesario recalcar que no les creemos. Todos los acuerdos de paz planteados hasta el momento ignoran las reivindicaciones históricas del pueblo palestino y es necesaria una profunda revisión de esos pretendidos acuerdos de paz” según la unánime opinión de nuestros invitados de Palestina e Israel puesta en boca de Issam Aruri, Coordinador de la Plataforma palestina de ong´s.

Palestina está en el centro. De la política, de los corazones y de la desigualdad del poder. La razón no tiene más fuerza que la moral, que no es poca. Y espera por el impulso de la coordinación, a diferentes niveles, de los movimientos de solidaridad de la sociedad civil existentes en Europa para ejercer una presión efectiva sobre la fuerza bruta.

Mientras esto no sucede, la fuerza continua arrasando. Encarcela, expulsa, asesina y asfixia ante el silencio cómplice de la comunidad internacional, que responde con cooperación al desarrollo, y buenas palabras y debe, paralelamente dar un salto cualitativo de coordinación política para la incidencia política ante nuestros gobiernos. Se está respondiendo únicamente con Cooperación al Desarrollo a una situación de “des-desarrollo”. La desastrosa situación de la Franja de Gaza, provocada por Israel, ha llevado a la población palestina a un nivel de dependencia nunca conocido en la historia y cada día aumenta la situación de necesidad a la que la población se ve obligada a someterse. Según El Dr. Rabah, de los HWC de la Franja, “la situación es absolutamente explosiva y cualquier día podría descontrolarse. Parece que Israel quiere forzar un estallido de violencia en la población palestina con el objetivo de legitimar acciones de castigo aún más duras que las actuales.” 

Todo lo que tiene que ver con Palestina ha generado tendencias esperanzadoras (nunca podemos negarlas) y efectos perversos

Entre las obviedades por todos reconocidas se encuentra en la cabeza de león, -como piedra angular de la cooperación del Estado español con Palestina- que los palestinos tienen razón en sus reclamaciones de libertad e independencia. La ocupación militar se encuentra fuera de debate, la injusticia de la represión satura en su reconocimiento popular e incluso la erudición sobre las raíces del conflicto es generalizada. Incluso en breve, el público tendrá claro, a partir de la publicación de libros de Ilan Pappé, por poner un ejemplo, que los términos de referencia son limpieza étnica y crímenes contra la humanidad al escuchar la palabra Israel. 

Millones de euros de nuestros impuestos salen cada año hacia allí. En una cantidad que sistemáticamente aumenta y debemos alegrarnos por ello. El nuestro es un país solidario. Y viviendo donde vivimos, tenemos claro el ejemplo de quienes hace ya décadas identificaron la causa que en nuestro país se dirimía entre la libertad y la tiranía y viajaron aquí para sumarse a nuestra lucha. La causa Palestina adquiere la misma dimensión ética y política que en su momento tuvo la lucha que aquí se perdió. Ha cambiado el contexto. Han pasado los años y las estrategias, disponibilidades y peticiones internacionales de quienes legítimamente luchan contra la tiranía ya no pasan por los instrumentos que aquí se utilizaron. Ya no pasan por pedirnos a los extranjeros que nos sumemos a la resistencia armada. Pero sí pasan porque utilicemos todas nuestras armas, en el ámbito civil y social, para luchar junto a ellos desde nuestros países y nuestras realidades. Se habla de resistencia Palestina. Y de resistencia internacional conjunta. De resistencia civil activa. De internacionalismo. Nuevamente.

A partir de este punto, sólo podemos reconocer que desde hace años, todos los que trabajamos en torno a Palestina nos revolvemos (plural inclusivo) en un bucle de autoconvencimiento y autosostenimiento de nuestras ideas propias al respecto que, probablemente, le hace un flaco favor a los palestinos mientras nos mantiene en nuestras cómodas posiciones, laborales para unos, políticas para otros. Muy cómodas. Pero pasivas en cuanto sólo contribuyen muy relativamente a la resolución con justicia de un conflicto que hay que dejar de denominar así. La cabeza es redonda para que las ideas cambien de sentido. Del conflicto a la limpieza étnica, el apartheid y en palabras de algún ministro israelí, el holocausto de los palestinos. 

El 5 de mayo de 2008, un grupo de ONG´s españolas, prácticamente todas las que trabajan en Gaza, emitieron un comunicado de prensa conjunto en torno a la situación que se vive en la Franja y las limitaciones a las que se ven sometidas en el ejercicio de su trabajo. Sin reproducirlo en su totalidad. El concepto que pretenden transmitir es el siguiente: alertan de su incapacidad para responder a la crisis humanitaria desatada por Israel, y denuncian el asedio al que están sometidos más de un millón y medio de civiles palestinos. Declaran que los proyectos que financian instituciones públicas españolas, han dejado de poderse ejecutar como programados.”. Mientras cada una de ellas detalla, en su ámbito concreto de actuación, los límites y dificultades a los que Israel somete a los palestinos y a las ONG´s.

Lamentablemente, ningún medio de comunicación del Estado se ha hecho eco de este comunicado que, además, coincide en el tiempo con uno más de los múltiples anuncios de suspensión temporal de la ayuda por parte de las Naciones Unidas, ayuda de la cual, los palestinos dependen en una proporción demasiado alta. Ayuda que no llega porque Israel fuerza que no llegue.

Palestina no quiere, según Issam Aruri, que "les alimente la comunidad internacional" mientras Sergio Yahnni expresa con absoluta claridad cómo, en el caso de la Ayuda Humanitaria que entra en la Franja de Gaza “la Unión Europea colabora indirectamente con Israel comprándola a suministradores israelíes y pagando las tasas de entrada en la Franja que Israel ha privatizado”  y se refiere a “la situación surrealista que provoca que desde  hace más de un año, se está aplicando un boicot efectivo a la población palestina mientras, en cambio, colabora abiertamente con Israel.”. Issam Aruri complementa el discurso de Sergio, nuestro trabajo es que Europa rompa filas con Estados Unidos a través de un trabajo de “advocacy” en nuestros círculos políticos y sociales más accesibles a través de campañas de boicot y sanciones bien planificadas en lo económico, lo cultural y las relaciones entre estados. Hay que “desboicotear” a la víctima y boicotear al verdugo”.

Issam Aruri propone convertir dicha iniciativa para desboicotear a la víctima y boicotear al verdugo en “un encuentro de carácter europeo abarcando  redes de organizaciones y consiguiendo una declaración final conjunta que posteriormente debe llegar al Parlamento Europeo y a los parlamentos de los distintos países de los participantes”.  Issam está convencido de que esta formula permitirá avanzar:

Los representantes de la región nos explican cómo está teniendo lugar, progresivamente, una modificación de la narrativa del conflicto desde sus elementos políticos, que definen el centro del problema, a la mera resolución de una crisis humanitaria. Es necesario superar este movimiento. La construcción de dicha narrativa modifica la percepción que se tiene de los palestinos: “Israel trata de que los palestinos dejen de ser “sujetos de derechos” a “sujetos de favores” en un marco en el cual el criterio de relación con ellos es el del privilegio, la ley excepcional según Sergio Yahni. Como sociedad civil” –menciona Issam Aruri-“tenemos la responsabilidad moral de actuar: coordinarnos e ir por delante de nuestros gobiernos, algo que hoy por hoy no está sucediendo.”

Pero todos comprendemos el proceso en el cual se enmarca la diferencia entre la responsabilidad existente y la ejercida: la débil línea que separa sensibilización de incidencia política. Es hora de plantear la reflexión y la asunción, por parte de las ong´s, de un papel proactivo en la transformación de las situaciones en las cuales trabajan. Ante los responsables de las mismas (Israel) y ante el gobierno que financia sus actividades (El gobierno español y los respectivos gobiernos autonómicos y Ayuntamientos). Mientras la cooperación sea entendida como un instrumento de la política exterior, el de Palestina es el caso más evidente del dislate existente entre posicionamiento privado de las Ong´s y sus miembros (un rumor sordo, constante y creciente comienza a apuntar en una dirección concreta), las peticiones en el ámbito de la incidencia política por parte de  las contrapartes locales (posteriormente nos referimos a la petición concreta de la que hablamos) y los efectos consecuentes que debemos buscar en la modificanción de las políticas de nuestro gobierno: es decir, es necesario abrir el debate sobre la relación entre cooperación e incidencia política en el caso de Palestina y las ong´s españolas.

Cuando se dan los pasos, alguien interviene para frenarlos.  El fallido Foro de Madrid 2007

De la comodidad de nuestras posiciones teóricas al paso adelante, de la teoría a la acción, de la solidaridad declarativa y la cooperación al desarrollo a la coordinación práctica de una incidencia política efectiva. Ese es el movimiento. Pero ante el movimiento de futuro, surge la tendencia de freno, el miedo conservador, la manipulación y la amenaza velada, ciertos sectores del poder político que anulan la capacidad de la sociedad civil para organizarse. Las posiciones a mantener por encima de todo. Demasiado dinero en juego, demasiada visibilidad de la iniciativa al tiempo que la oscura y cerrada gestión del proceso en un esquema de organización con demasiados niveles superpuestos de control y balance que sólo podían demostrar oscuros compromisos privados previos, falta de transparencia y miedo. La superposición del trabajo concreto de cada organización y su participación en redes diversas, redes con diferentes objetivos, puntos de partida y mecanismos de funcionamiento, genera grandes contradicciones e ineficiencias una vez más, que inciden, especialmente en la falta de eficacia y coordinación de su trabajo de incidencia política.

Todos estos factores dieron al traste con la posibilidad efectiva, que existía en diciembre de 2007, de que la sociedad civil se sumase a un nuevo esfuerzo de resistencia con los palestinos, de sumarse a la que pudo ser la iniciativa más poderosa de la sociedad civil de nuestro país en la resistencia al Apartheid israelí. Pero todos fuimos testigos de cómo se generan, manipulan y finalmente anulan procesos que, de tanto que animan, recogen la ilusión mayoritaria del movimiento social organizado y posteriormente los entregan para ser dinamitados de manera vertical, desde los gobiernos.

Respecto al intento fallido en Madrid en 2007, se comenta que  “lo sucedido en el foro de Madrid va en contra de la autonomía de la sociedad civil del estado. Deberíamos hacer una reflexión interna sobre qué estamos haciendo, si hacemos todo lo que está en nuestra mano para presionar a nuestros gobiernos en el cambio de sus políticas”.

Como se demostró en los lamentables hechos que acompañaron a la celebración en Madrid, en diciembre de 2007 del no-foro por una Paz Justa en Oriente Medio, nuestros esfuerzos como sociedad civil son permeables y frágiles ante las intervenciones gubernamentales, que, obviamente preocupadas por el consenso en la solidaridad y coordinación que comienza a mostrarse, deciden intervenir para sembrar la duda, desarticular y anular en la medida de sus posibilidades, que son muchas, el trabajo de la sociedad civil.

Conocimiento del proceso político en Palestina. Conocimiento y confianza de las contrapartes. Tiempo de experiencia en el movimiento. Pertenencia a redes y organizaciones, posicionamiento interno en los sucesivos y eternos conflictos que surgen, políticos muchas veces, personales otras, siempre los más graves estos últimos. Estos son los parámetros en los que nos movemos quienes tratamos de actuar y coordinarnos. Pero no es suficiente comprenderlos, hay que retarlos. Es necesario pasar a la acción con los instrumentos civiles que están a nuestro alcance y dar dos pasos más. Uno que suponga limpiar el pasado a partir de lo sucedido en Madrid y otro que permita la evolución del discurso que utilizamos.

La transformación. El apoyo y la coordinación de la Campaña por el Boicot, desinversiones y sanciones al Estado de Israel

La cooperación con Palestina debe transformarse y debemos transformarnos nosotros con ella. Flaco favor le harán a la causa Palestina quienes sigan anclados, básicamente, en que su cooperación con Palestina es producto de militancias políticas o sindicales que limitan su permeabilidad a cambiar de posición. No es incompatible la doble militancia, pero todos conocemos los inconvenientes, divisiones y fracturas que esto ha provocado. Es necesario huir del mantenimiento de posiciones laborales enquistadas y eternizadas a costa de un conflicto o de ascensiones profesionales meteóricas debido a la implicación en la zona más convulsa del plantea y, lamentablemente debido a ello, atractiva desde el punto de vista de la comunicación y la cooperación entendida como plataforma amplificadora de movimientos políticos internos y carreras profesionales privadas.

Las organizaciones de la sociedad civil Palestina nos han demostrado que ellos si lo tienen claro y no sólo lo tienen claro sino que nos invitan a sumarnos a su iniciativa. A utilizar nuestro instrumento más poderoso, la resistencia civil en Europa como denuncia política e instrumento de presión contra quien desarrolla su lenta pero firme limpieza étnica. Nos han dicho que saben cómo luchar contra Israel y nos han indicado también el camino a seguir como organizaciones de solidaridad en nuestros países.
 
Desde hace ya un tiempo largo y frustrante, existe una propuesta que surge de la sociedad civil Palestina y flota en el ambiente, ante la cual es necesario un posicionamiento claro y una coordinación efectiva, de aprobarse. El inmovilismo y el mantenimiento sin modificaciones cualitativas claras y precisas, puede arrastrar a una consecuencia inmediata no deseada: que la ola de solidaridad natural que despierta una de tantas causas justas, y siendo esta, especialmente, la más comunicada, se limita y agota en sí misma. Quizás convertida en conciliábulo de iniciados, repeticiones continuas de elementos recurrentes en diversas formulaciones y variaciones marginales que al final sólo sirven para justificar desembolsos económicos progresivamente mayores de las administraciones que a esto se dedican. Pero no inciden en la solución de los problemas a los que se dirigen.

Debemos concentrar nuestras fuerzas y presionar en una dirección clara y expresada por ellos mismos: el boicot al estado de apartheid de Israel tal y como en su día se boicoteó al estado de Apartheid sudafricano. Ahí está el paso a dar. Nominalmente identificado por muchos. Paralizado en la práctica por lo que nos afecta en tanto organizaciones y personas que vivimos de este trabajo con financiación pública en un contexto, mencionado, de superposición de perspectivas individuales de cada organización y posteriormente de la pertenencia de las organizaciones a diversos espacios de coordinación colectiva que incluso se contradicen entre sí y difuminan los esfuerzos reales para avanzar en una línea clara de incidencia. Decisión de organizaciones que dependen de financiación. Financiación proveniente de gobiernos que bajo ningún concepto han llegado al momento en que comprendan un boicot que, por otra parte, tiene que ser ciudadano ante todo, pero con acompañamiento institucional.  

Hussein nos interpela diciéndonos que “las organizaciones hacemos trampa ya que utilizamos el dinero público mientras los mismos estados, con ese mismo dinero, por otro lado benefician a Israel. Si bien destinan dinero para proyectos de cooperación, a la vez, apoyan la ocupación.” Issam señala que “mi impresión es que la sociedad civil europea no contempla un único discurso ya que si se consigue que la sociedad tenga mas poder, Palestina también tendrá mayor poder”. Se trata, según ellos “de unificarnos ante nuestra responsabilidad moral”. Issam prefiere que se acabe el dinero a cambio de aumentar el apoyo al pueblo palestino. “Si tengo que elegir entre que se acabe el dinero de los proyectos y se apoye realmente al pueblo palestino, claramente opto por la segunda alternativa”. Insiste: “Si no se aplican las sanciones contra Israel no se va a lograr nada”. Apuesta por aplicar sanciones a Israel dentro del marco de la ley, señalando “que nuestro trabajo es que Europa rompa filas con Estados Unidos a través de un trabajo de “advocacy” en nuestros círculos políticos y sociales más accesibles a través de campañas de boicot y sanciones bien planificadas en lo económico, lo cultural y las relaciones entre estados. Hay que “desboicotear” a la víctima y boicotear al verdugo”.

Los tres invitados “están convencidos de que, o se realiza estratégicamente un movimiento de sanciones a nivel internacional, como ya ocurrió con Sudáfrica, o no hay otra forma de acabar con las violaciones sistemáticas de Derechos Humanos en las que incurre Israel”. Posteriormente el Dr. Rabah de los HWC de Gaza insistió, escéptico, en que “ojalá un día las organizaciones europeas aprueben las sanciones al Estado de Israel”. 

En 2005, con motivo del primer aniversario de la sentencia del Tribunal Internacional de Justicia que declaraba que el Muro de segregación es ilegal, debe ser derribado y las personas afectadas deben ser indemnizadas, la sociedad civil Palestina efectuó un llamamiento al Boicot, desinversiones y sanciones contra el Estado de Israel en todas sus formas, culturales, económicas, políticas y deportivas. Desde entonces lo ha reiterado insistentemente en cada ocasión que ha estado a su alcance y en estos momentos, cuando nos enfrentamos a la celebración del 60 aniversario de la proclamación del Estado de Israel la ha actualizado.

La confluencia en una incidencia política común

Veo que faltan nuestras firmas, todas a la vez, las de las organizaciones españolas que trabajan en Palestina apoyando el boicot que la campaña palestina ha colgado de su web y lanza al mundo. He ahí la propuesta de confluencia temática de cara a una nueva incidencia política que realmente ayude a los palestinos en el trabajo que realizamos en casa. Confluir temáticamente en el Boicot genera un paraguas que incluye los diversos enfoques sectoriales, necesarios, en los que se canaliza la solidaridad del Estado con Palestina. El boicot como respuesta común a las diversas conflictividades. El Boicot como elemento de unión y superación de las contradicciones existentes en las diversas redes y espacios de coordinación actualmente existentes.

Llegados a este momento, las organizaciones que desean profundizar en su relación con la causa Palestina y avanzar en su consecución tiene que encontrar, pese a la incomodidad práctica, en lo económico y lo laboral, evidente, que ello provoca, el modo de vincular su trabajo y posicionamiento a una doble dimensión: responder a las peticiones que surgen desde el terreno y presionar a nuestro gobierno en la misma dirección. Estamos acostumbrados a escuchar cómo las organizaciones están dispuestas a apoyar las sanciones en el marco de la Unión Europea, al mismo tiempo que no apoyan el boicot. ¿cuál es la diferencia?.

Alguna contradicción como posible freno a la confluencia necesaria

Una de las contradicciones, quizás la más definitiva, entre los elementos de la cooperación tradicional que se utilizan desde España en la causa palestina y el llamamiento al boicot realizado por las organizaciones de la sociedad civil palestina surge cuando nos damos cuenta de que desde hace años, muchos de nosotros, hemos tratado de adaptarnos a la realidad impuesta por el ejército ocupante a la hora de desarrollar nuestro trabajo.

No se trata de una acusación sino de una constatación: toda organización extranjera que trabaje en Palestina lo hace frente al riesgo continuo de la expulsión del territorio por parte del estado ocupante, cosa que por el momento no ha sucedido. No provocar al ocupante, mentir, si hace falta, en los objetivos del trabajo, y a partir de ahí, adoptar el perfil más bajo posible. Es mucho lo que las organizaciones se juegan. Tras la autocensura en el trabajo, provocada por la ocupación, la de los cuartos. Toda organización que trabaje en Palestina se debe a quien la financia y debe aprobar los objetivos de cada una de sus actividades so pena de recorte de la financiación. Es público y notorio que cooperantes españoles en Palestina tienen prohibido asistir a manifestaciones so pena de perder sus puestos o en ciertos casos es imposible conseguir un puesto de trabajo si uno está “demasiado significado” o es susceptible de expresar que lo técnico no es suficiente, sí necesario, pero no suficiente para trabajar en Palestina.
 
Hasta donde sabemos, ninguna organización del Estado ha sido expulsada de Palestina por Israel, pese a que les encantaría poder hacerlo. ¿Y por qué esto no ha sido así? Porque a nuestro gobierno aún le quedan elementos de negociación con las autoridades israelíes que mantienen la situación dentro de un proceso de intercambio en el que, entre otros muchos acuerdos y componendas, se mantiene la cooperación tradicional pero no se dan los pasos políticos que, propuestos por las contrapartes palestinas, desde la cooperación se sugieren y la justicia requiere. Los palestinos piden e indican, desde aquí se afirma y asiente para posteriormente explicar que eso no es aún posible.

Si bien la tendencia debe estar muy próxima a cambiar.

Junio de 2008

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